viernes, 7 de febrero de 2014

INRI





Volvemos en la entrada de hoy, a las recomendaciones literarias de nuestra Editorial de cabecera, JIRONES DE AZUL, que  abrió sus puertas en el año 2006 desde la semilla de una revista literaria digital con el mismo nombre de gran repercusión en la red. Motivo que anima a su fundadora Rosa García Perea, a “pasarse a la edición en papel”. Inició su andadura editorial con la convocatoria del primer Certamen Internacional de Poesía y Relato “Jirones de Azul” al que se presentan más de cuatrocientas obras desde lugares tan remotos como Hong Kong, Bolivia, Israel o Canadá. Fruto de este certamen es el libro antológico “Con buenas palabras” que año a año va nuevas buscando siempre abrir una puerta a los nuevos escritores que es como tender un puente a los escritores consagrados del futuro.





Jirones de Azul tiene varias colecciones para poder abarcar todos los temas que al lector del siglo XXI le interesa. Es nuestro objetivo que la literatura sea un camino de doble sentido para el autor y el lector, y a más fluidez, más registros, más comunicación. De este modo incrementamos el fomento a la lectura en todas las edades. Hoy os presento un libro de la colección "Mundus", titulado INRI, y cuyo autor es Fernando Carrasco

EL LIBRO

Autor: Fernando Carrasco
Editorial: Jirones de Azul
Año: 2013
Género: Novela
Colección: Mundus
ISBN: 978-84-941770-1-9
800 páginas

SINOPSIS:

En el descendimiento de Jesús de Nazaret, José de Arimatea se llevó algo de la Vera Cruz, que casi tres siglos después, será descubierto por la emperatriz Flavia Iulia Helena en Jerusalem. Tras el hallazgo, la Emperatriz ordena llevar a cabo una misión de búsqueda por todo el Imperio: ha de encontrar a los descendientes de José de Arimatea. Antonino Quintus, joven legionario, es uno de los encargados de llevarla a cabo.

Livia, la fiel sirviente de la emperatriz, se enamora de Antonino, pero un terrible suceso ocurrido la víspera de su partida, hará que huya de Jerusalén en busca de venganza, siguiendo los pasos de su amado.

Jerusalén, Roma, Ostia Antica, Massilia, Hispalis e Itálica son los escenarios donde se desarrolla esta aventura con tintes épicos, que sitúa al lector desde la primera página, en un tiempo en el que el Cristianismo se consolidaba en un Imperio Romano en declive.






EL AUTOR:

Fernando Carrasco

Nació en Sevilla en 1964, y es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, profesión que lleva ejerciendo desde hace treinta años.

Tras iniciarse en la Radio en los años 80, en 1990 entró a formar parte de la plantilla de ABC de Sevilla, donde continúa trabajando desde entonces e informando principalmente sobre temas de Semana Santa y Toros.


Debutó como novelista con "El último imán de Ishbiliya", un thriller que sorprendió a la crítica especializada, aspecto que quedó ratificado con su segunda novela, "El hombre que esculpió a Dios", una obra que ha abierto un campo seguido por otros muchos escritores y que lleva ya cinco ediciones. Ambas novelas están editadas por Jirones de Azul.

Tan solo hace seis años desde que Carrasco publicara su primera novela pero quedó muy claro que el don de la escritura ha estado en él desde el principio. En palabras de su editora y amiga: “Fernando no es un escritor maduro, es un escritor viejo. Lleva toda la vida escribiendo”.


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La presentación del libro tuvo lugar el pasado 2 de diciembre en el edificio Cajasol de la Pza. San Francisco, en Sevilla. Esta es la tercera novela de Carrasco, tras la publicación de ‘El último imán de Ishbiliya’, de tinte futurista y ‘El hombre que esculpió a Dios’ (de la que ya hablamos en otra entrada de este Blog), ambientado en el siglo XVII. El autor ha seguido viajando por el tiempo para crear esta nueva historia, que se desarrolla en el año 326 d.C. y cuenta cómo Santa Elena llega a Jerusalén para encontrar la cruz donde murió Cristo. Unas 800 páginas que narran una historia de amor, venganza y sed de poder pero sobretodo una historia de fe, algo que el escritor ha querido dejar muy claro.

El acto contó con una baja importante, la del entrenador del Betis y escritor, Pepe Mel, quien estaba previsto que condujera la presentación. Su asistencia fue imposible, pues tuvo que asistir a la rueda de prensa de las 21.00 h, donde se anunció su destitución como entrenador del equipo sevillano. Fernando Carrasco solo tuvo palabras buenas para él: “Lo siento por Pepe porque sé que lo está pasando muy mal”. Una de las editoras del libro también quiso expresar su pesar por lo acontecido a Mel: “Yo no entiendo de fútbol pero sí de personas y ahora mismo lo que sé es que un amigo ha perdido su trabajo”.



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Tras justificar la ausencia del presentador, Fernando se apartó generosamente de todo lo relacionado con su libro para agradecer a los presentes la solidaridad mostrada. Y es que, a petición suya, la presentación se convirtió en un acto benéfico donde cada persona aportó 1 kg de alimentos no perecederos, que irán directos al comedor social María Santísima del Dulce Nombre de la hermandad de Bellavista. La acogida de la propuesta fue masiva y la sala del edificio Cajasol se llenó de aceite, arroz y lentejas, que servirán para alimentar a las 200 personas que acuden cada día a ese centro. “Es el mejor galardón para mí que hayáis traído todo eso”, dijo Carrasco.


Volviendo a su novela, Fernando afirmó haberse implicado enormemente en cada una de las escenas: “He disfrutado mucho y me he emocionado mucho. Ha habido momentos de injusticia en los que me ponía en la piel del personaje”. También explicó cómo se había documentado para escribir una novela que mezcla ficción con realidad histórica: “Me llevé dos semanas en el Antiquarium. Recorrí cada pasillo, cada casa, la fábrica de salazones… Quería recrear la Sevilla del siglo IV y creo que he conseguido verosimilitud”. Y como no, las anécdotas curiosas sobre el libro no se hicieron esperar. El autor se define como un auténtico cinéfilo y eso se refleja en su obra, donde ha incluido elementos inspirados en el séptimo arte. Una escena de la película ‘La muerte tenía un precio’ o la mítica frase de ‘Astérix y Obélix’, “¡Están locos esos romanos!” están incluidas en esta novela, donde los nombres tampoco se han elegido al azar. ¿Recuerdan a Antonino, uno de los esclavos de la película ‘Espartaco’? También ese guiño a Roma lo encontrarán durante su apasionante viaje al pasado de Sevilla. “He querido poner en valor a Sevilla. Sevilla es maravillosa para narrar, ahora, antes y me imagino que en el futuro. Por eso en mis novelas siempre encontrarán a Sevilla” confiesa el autor.

Fernando posa junto a Pilar Lacasta, de la fundación Cajasol y a las hermanas García Perea


Rosa García Perea, una de las creadoras de Jirones de Azul, la editorial que publica el libro, intervino brevemente para colmar de elogios a su amigo Fernando. Y es que su amistad se remonta a la infancia. Rosa contó cómo en uno de esos días de colegio, un jovencísimo Fernando le prestó una carpetilla que contenía relatos y hasta una obra de teatro escrita de su puño y letra. “Yo le decía: Esto no lo has escrito tú, porque no pensaba que sabía escribir tan bien”. ( fuente: http://www.sevilladirecto.com/presentacion-solidaria-de-inri-la-nueva-novela-del-escritor-y-periodista-fernando-carrasco/)





Como siempre desde este Blog, os animo a todos los cofrades a profundizar en esta lectura que sin duda nos hará viajar en el tiempo y profundizar en su historia.....

jueves, 30 de enero de 2014

NO OS CONFORMEIS CON UNA VIDA CRISTIANA MEDIOCRE








En estos tiempos de preparación previa a la Cuaresma, me parece muy interesante reflexionar sobre el papel que han de jugar las Cofradías en la vida cristiana; mas si cabe, cuando concluido el año de la Fe, se nos exhorta desde la Diócesis de Plasencia, a dar un paso mas en nuestro compromiso público, colaborando de forma activa en la Misión Diocesana Evangelizadora, cuyos fines ya desgranaremos mas adelante. 

Para ello quiero trasladaros en esta entrada la homilía dada por el Papa Francisco el pasado mes de mayo, en marco de la Jornada Mundial de Cofradías y Piedad Popular, desarrollada en Roma.

El papa Francisco a las Cofradías: "No os conforméis con una vida cristiana mediocre"

"Queridos hermanos y hermanas, la Iglesia os quiere. Sed una presencia activa en la comunidad, como células vivas, piedras vivas".

El pasado mes de mayo, se celebraba en Roma una Jornada mundial de Cofradías y Piedad Popular. La lluvia no impidió que miles de cofrades de todo el mundo se dieran cita junto al santo Padre y escucharan las palabras que les dirigió y que hoy acercamos a nuestro portal de formación en Arimatea, para que hagan eco en nuestras hermandades y nos ayuden a comenzar un nuevo curso cofrade. Transcribimos la homilía completa y destacamos las tres cualidades que el papa Francisco pide a las cofradías: Autenticidad evangélica, eclesialidad, ardor misionero.



Queridos hermanos y hermanas, habéis tenido valor para venir con esta lluvia… El Señor os lo pague.

En el camino del Año de la Fe, me alegra celebrar esta Eucaristía dedicada de manera especial a las Hermandades, una realidad tradicional en la Iglesia que ha vivido en los últimos tiempos una renovación y un redescubrimiento. Os saludo a todos con afecto, en especial a las Hermandades que han venido de diversas partes del mundo. Gracias por vuestra presencia y vuestro testimonio.






1. Hemos escuchado en el Evangelio un pasaje de los sermones de despedida de Jesús, que el evangelista Juan nos ha dejado en el contexto de la Última Cena. Jesús confía a los Apóstoles sus últimas recomendaciones antes de dejarles, como un testamento espiritual. El texto de hoy insiste en que la fe cristiana está toda ella centrada en la relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Quien ama al Señor Jesús, acoge en sí a Él y al Padre, y gracias al Espíritu Santo acoge en su corazón y en su propia vida el Evangelio. Aquí se indica el centro del que todo debe iniciar, y al que todo debe conducir: amar a Dios, ser discípulos de Cristo viviendo el Evangelio. Dirigiéndose a vosotros, Benedicto XVI ha usado esta palabra: «evangelicidad». Queridas Hermandades, la piedad popular, de la que sois una manifestación importante, es un tesoro que tiene la Iglesia, y que los obispos latinoamericanos han definido de manera significativa como una espiritualidad, una mística, que es un «espacio de encuentro con Jesucristo». Acudid siempre a Cristo, fuente inagotable, reforzad vuestra fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia. A lo largo de los siglos, las Hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor. Caminad con decisión hacia la santidad; no os conforméis con una vida cristiana mediocre, sino que vuestra pertenencia sea un estímulo, ante todo para vosotros, para amar más a Jesucristo.








2. También el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado nos habla de lo que es esencial.
En la Iglesia naciente fue necesario inmediatamente discernir lo que era esencial para ser cristianos, para seguir a Cristo, y lo que no lo era. Los Apóstoles y los ancianos tuvieron una reunión importante en Jerusalén, un primer «concilio» sobre este tema, a causa de los problemas que habían surgido después de que el Evangelio hubiera sido predicado a los gentiles, a los no judíos. Fue una ocasión providencial para comprender mejor qué es lo esencial, es decir, creer en Jesucristo, muerto y resucitado por nuestros pecados, y amarse unos a otros como Él nos ha amado. Pero notad cómo las dificultades no se superaron fuera, sino dentro de la Iglesia. Y aquí entra un segundo elemento que quisiera recordaros, como hizo Benedicto XVI: la «eclesialidad». La piedad popular es una senda que lleva a lo esencial si se vive en la Iglesia, en comunión profunda con vuestros Pastores. Queridos hermanos y hermanas, la Iglesia os quiere. Sed una presencia activa en la comunidad, como células vivas, piedras vivas. Los obispos latinoamericanos han dicho que la piedad popular, de la que sois una expresión es «una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia» (Documento de Aparecida, 264). ¡Esto es hermoso! Una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia. Amad a la Iglesia. Dejaos guiar por ella. En las parroquias, en las diócesis, sed un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana, aire fresco. Veo en esta plaza una gran variedad antes de paraguas y ahora de colores y de signos. Así es la Iglesia: una gran riqueza y variedad de expresiones en las que todo se reconduce a la unidad, la variedad reconducida a la unidad y la unidad es encuentro con Cristo.





3. Quisiera añadir una tercera palabra que os debe caracterizar:

«MISIONARIEDAD». Tenéis una misión específica e importante, que es mantener viva la relación entre la fe y las culturas de los pueblos a los que pertenecéis, y lo hacéis a través de la piedad popular. Cuando, por ejemplo, lleváis en procesión el crucifijo con tanta veneración y tanto amor al Señor, no hacéis únicamente un gesto externo; indicáis la centralidad del Misterio Pascual del Señor, de su Pasión, Muerte y Resurrección, que nos ha redimido; e indicáis, primero a vosotros mismos y también a la comunidad, que es necesario seguir a Cristo en el camino concreto de la vida para que nos transforme. Del mismo modo, cuando manifestáis la profunda devoción a la Virgen María, señaláis al más alto logro de la existencia cristiana, a Aquella que por su fe y su obediencia a la voluntad de Dios, así como por la meditación de las palabras y las obras de Jesús, es la perfecta discípula del Señor (cf. Lumen gentium, 53). Esta fe, que nace de la escucha de la Palabra de Dios, vosotros la manifestáis en formas que incluyen los sentidos, los afectos, los símbolos de las diferentes culturas... Y, haciéndolo así, ayudáis a transmitirla a la gente, y especialmente a los sencillos, a los que Jesús llama en el Evangelio «los pequeños». En efecto, «el caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador» (Documento de Aparecida, 264). Cuando vais a los santuarios, cuando lleváis a la familia, a vuestros hijos, hacéis una verdadera obra evangelizadora. Es necesario seguir por este camino. Sed también vosotros auténticos evangelizadores. Que vuestras iniciativas sean «puentes», senderos para llevar a Cristo, para caminar con Él. Y, con este espíritu, estad siempre atentos a la caridad. Cada cristiano y cada comunidad es misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio, y da testimonio del amor de Dios por todos, especialmente por quien se encuentra en dificultad. Sed misioneros del amor y de la ternura de Dios. Sed misioneros de la misericordia de Dios, que siempre nos perdona, nos espera siempre y nos ama tanto.







Autenticidad evangélica, eclesialidad, ardor misionero. Tres palabras, no las olvidéis: Autenticidad evangélica, eclesialidad, ardor misionero. Pidamos al Señor que oriente siempre nuestra mente y nuestro corazón hacia Él, como piedras vivas de la Iglesia, para que todas nuestras actividades, toda nuestra vida cristiana, sea un testimonio luminoso de su misericordia y de su amor. Así caminaremos hacia la meta de nuestra peregrinación terrena, hacia ese santuario tan hermoso, hacia la Jerusalén del cielo. Allí ya no hay ningún templo: Dios mismo y el Cordero son su templo; y la luz del sol y la luna ceden su puesto a la gloria del Altísimo. 


Que así sea.







Estas palabras suponen un impulso a las motivaciones y valores que deben poner en práctica las Hermandades, Cofradías y Asociaciones Parroquiales de la Diócesis a lo largo de su recorrido como cristianos convencidos, y como ejemplo constante de catequización.  Sin embargo sabemos, por la experiencia ya demostrada en Don Benito, que las corporaciones de Pasión y Gloria adolecen de un conformismo y de un inmovilismo pertinaz, que les hacen dejarse llevar por la apatía que provoca cualquier actividad que vaya mas allá de la organización de los actos de Cuaresma y Semana Santa. Cualquier movimiento en torno a mayores logros, deberá generarse desde el espíritu de superación cofrade, y es ahí donde harán falta personas con verdadera devoción por lo que hacen, mas allá de figurar unas horas al año, muy a su pesar. Un ejemplo de ello es la ausencia de actos específicos organizados por las Cofradías en torno al Año de la Fe, ya concluido, a excepción del Besamanos extraordinario a la Beata Matilde del Sagrado Corazón, desarrollado por la Asociación Parroquial de la Oración en el Huerto de Don Benito, el pasado 27 de octubre de 2013.

A todo ello debe contribuir, sin duda, la continuación del año de la Fe a través de las MISIÓN DIOCESANA EVANGELIZADORA, presentada en Don Benito, el pasado  lunes 27 de enero, en el salón de actos del Colegio Sagrado Corazón (azules), que desarrolló el primer encuentro preparatorio para la Misión Diocesana, donde el Sr. Obispo expuso el tema central, fundamentando el proyecto misionero diocesano desde su carta pastoral "Cada parroquia una misión, cada cristiano un misionero" y desde la reciente Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco. Tras esta intervención, el vicario para la animación pastoral, Don José Luis Hermoso, explicó los pasos a seguir para llevar a cabo la misión, que tendrá lugar en la cuaresma y pascua de 2015, siendo este curso de preparación de la misión.






Esperemos que las propuestas realizadas por Don Amadeo para Don Benito, y en concreto para las Cofradías, tengan un verdadero recorrido de éxito, fundamentado en sacar de la desidia a los rectores de las distintas hermandades y este 2014, sea un verdadero punto de inflexión para todos.



jueves, 23 de enero de 2014

CUANDO FALTAR EL RESPETO ES GRATIS





El respeto es la consideración de que alguien o incluso algo tiene un valor por sí mismo y se establece como reciprocidad: respeto mutuo, reconocimiento mutuo. El término se refiere a cuestiones morales y éticas, es utilizado en filosofía política y otras ciencias sociales como la antropología, la sociología y la psicología.

El respeto en las relaciones interpersonales comienza en el individuo, en el reconocimiento del mismo como entidad única que necesita que se comprenda al otro. Consiste en saber valorar los intereses y necesidades de otro individuo en una reunión

Este principio se basa en dos teorías ético-morales que dicen textualmente:

El respeto por la autonomía del individuo, que se sustenta esencialmente en el respeto de la capacidad que tienen las personas para su autodeterminación en relación con las determinadas opciones individuales de que disponen.

Protección de los individuos con deficiencias o disminución de su autonomía en el que se plantea y exige que todas aquellas personas que sean vulnerables o dependientes resulten debidamente protegidas contra cualquier intención de daño o abuso por otras partes.

Este principio de autonomía sirvió como base de la bioética desde los aspectos sociopolíticos, legales y morales aunque no para garantizar el respeto de las personas en las transacciones médicas.




El respeto también puede considerarse como punto medio entre dos extremos vistos por exceso y por defecto.

Por defecto: el miedo, tanto a las personas que le rodean como a objetos o situaciones que afronta el individuo, llevándole a situaciones de imposibilidad a realizar determinados proyectos o metas, tal el caso de los complejos de inferioridad.

Por exceso: el abuso o desmedida de los límites preestablecidos para un correcto orden y trato de las personas o situaciones de cada individuo, lo que lleva a conflictos con los otros como también la imposición de límites y/o normas a fin de superar la crisis del abuso y restablecer el orden de los derechos de cada individuo.

En el respeto está implícita la TOLERANCIA, entendida como la aceptación de las condiciones que los demás tienen. No obstante, TOLERAR no es CLAUDICAR ni CONCILIAR LO IRRECONCILIABLE.

  
El respeto comienza en la propia persona y está referido a las leyes naturales. El estado original del respeto está basado en el reconocimiento del propio ser como una entidad única, una fuerza vital interior, un ser espiritual, un alma. La conciencia elevada de saber “quién soy” surge desde un espacio auténtico de valor puro. Con esta perspectiva, hay fe en el propio ser así como entereza e integridad en el interior. Con la comprensión del propio ser se experimenta el verdadero autorrespeto. Así, las primeras FALTAS DE RESPETO se dan hacia uno mismo, cuando no se valora la manera como se trata a sí mismo -por ejemplo abusando del alcohol, comiendo mal por gusto propio, haciendo del sexo una actividad morbosa donde los abusos y el placer por el placer primen, etc.-

El poder de discernir crea un ambiente de respeto, en el que se presta atención a la calidad de las intenciones, actitudes, conductas, pensamientos, palabras y acciones. En la medida que exista el poder de la humildad en el respeto hacia el propio ser —y el discernimiento y la sabiduría que permiten ser justo e imparcial con los demás— habrá éxito en la forma de valorar la individualidad, apreciar la diversidad y tomar en consideración la tarea en su totalidad. El equilibrio entre la humildad y el autorrespeto da como resultado el servicio altruista, una actuación honrosa desprovista de actitudes débiles tales como la arrogancia y la estrechez mental. La arrogancia daña o destruye la autenticidad de los demás y viola sus derechos fundamentales. Un temperamento así perjudica también al transgresor. Por ejemplo, la tendencia a impresionar, dominar, o limitar la libertad de los demás se manifiesta con el propósito de imponerse en detrimento del valor interno, de la dignidad y la paz mental. El respeto original se subordina a uno artificial.




Por tanto, pretender ganar respeto sin permanecer consciente del propio valor original se convierte en el método mismo para perderlo. Conocer el valor propio y honrar el de los demás es la auténtica manera de ganar respeto. Puesto que tal principio tiene su origen en ese espacio prístino de valor puro, los demás sienten intuitivamente, la autenticidad y la sinceridad. En la visión y la actitud de igualdad existe una espiritualidad compartida. Compartir crea un sentimiento de pertenecer, un sentimiento de familia.

Ese sentido de honor y de valor puede extenderse a la naturaleza. La falta de respeto y trabajar en contra de las leyes de la naturaleza ocasionan un desequilibrio ecológico y desastres naturales. Cuando el respeto y la reverencia se extiendan a la energía eterna de la materia, los elementos servirán a la humanidad con precisión y abundancia.

Respeto es el reconocimiento del valor inherente y de los derechos innatos de los individuos y de la sociedad. Estos deben ser reconocidos como el foco central para lograr que las personas se comprometan con un propósito más elevado en la vida. El respeto y el reconocimiento internacionales por los derechos intelectuales y las ideas originales deben observarse sin discriminación. La grandeza de la vida está presente en cada uno, por lo que todo ser humano tiene el derecho a la alegría de vivir con respeto y dignidad.





LA FALTA DE RESPETO DESDE EL ÁMBITO RELIGIOSO


En otras ocasiones hemos expresado la falta de consideración, de respeto de tolerancia hacia las devociones religiosas, hacia las prácticas ordinarias del culto; pero en este caso voy a referirme a esas faltas que se cometen desde el otro lado del espejo...

En el ámbito religioso, en el ámbito de lo cofrade, en el transcurrir de lo cotidiano, vamos comprobando en mas de una ocasión, como FALTAR AL RESPETO ES TOTALMENTE GRATIS, no se paga ningún tributo, no se dan cuentas a ningún superior, ni se tiene las mas mínima consideración; se hace sin mas y se debe aceptar como tal cosa, haciendo de las “costumbres” o de las “malas costumbres”, mejor dicho, algo dirigido a su aceptación.

Unas veces se puede hacer sin intención de dañar al grupo o a la persona o personas afectadas, pero otras se hace con verdadero ánimo de dañar y perjudicar al prójimo.

Pero lo que realmente me parece flagrante es cuando se utiliza el púlpito o el estrado para escenificar una falta de respeto que no entiende de fechas, ni de ceremonias, no se cuida el uso de la palabra ni su tiempo exacto; no se mira al interlocutor en su gesto de sufrimiento o no, tan solo se mira el interés propio, o el lucimiento personal… Es por ello que no entiendo ni puedo entender la existencia de pastores de la Iglesia que obvian el morado de la liturgia en su casulla,  para celebrar un funeral, bajo la peregrina excusa de estar en tiempo de Navidad; o bien aprovechar la asistencia de un gran número de dolientes entre familiares y amigos, que deben escuchar estoicamente como se les exhorta a colaborar con Cáritas, en la “colecta”, que se va a desarrollar a lo largo de la Eucaristía en la que se celebra tal funeral; en la que además se recuerda al público asistente que a pesar de ser Domingo, se celebra tal sepelio y esto es un punto de inflexión con la anterior línea pastoral de tal o cual Parroquia….




Pues bien queridos blogueros, después de escuchar estas palabras, e implorar que por favor la gente colabore con la Iglesia, en todo lo que esta precise; se produce una homilía de media hora, con vaguedades que nada tienen que ver con el difunto ni con las necesidades de reconfortarse de la familia, que con el cuerpo presente tiene que “soportar” un funeral de una hora de reloj, donde para mas INRI, se dan avisos parroquiales  durante cinco minutos mas….Todo ello, en un horario del funeral, que no solapa el de ninguna misa ordinaria del resto del día, sino que es fuera de esas horas; haciendo que los feligreses que entran a  la Iglesia, a su misa, tengan que esperar la salida del féretro, y esperar a que empiece una nueva Eucaristía….

Y digo yo ¿no hay mas horas de misa en el día para todo lo demás?, para los avisos parroquiales, para tirar de las orejas a los feligreses por su apatía a la hora de colaborar con las lecturas, para recordar lo bueno que es uno por celebrar un funeral en Domingo, para el lucimiento personal con largas homilías vacías de significado…, para recordar que es Navidad y hay que colaborar con Cáritas…,, acaso los familiares y amigos,  ¿están allí para sacar el monedero?, nos olvidamos de que muchos de nosotros colaboramos permanentemente en obras sociales y de caridad, que es que nos lo tienen que implorar constantemente,  ¿ya no se respeta ni a los muertos dentro de la Iglesia?, y los familiares del Difunto ¿por qué tienen que escuchar esa retahíla cuando están deseando dar el último adiós a su ser querido?...

Esta reflexión, amigos, es la suma de muchas quejas que me han llegado desde las navidades, dentro de nuestra Diócesis, y como tal, aquí las expreso para que cada uno de vosotros saquéis vuestras propias conclusiones. Cuando se pierde el norte de la verdadera labor de un Pastor de la Iglesia, y nos quedamos en lo lúdico-festivo, puede pasar que la gente, el pueblo llano, los feligreses, salgan cada vez mas espantados de aquellos que tienen la labor de guiarlos espiritualmente.  Y esto no es sino la gota que colma el vaso de nuestra paciencia, y que se reproduce una y otra vez no solo en este ámbito sino también en el cofrade, como ya hemos puesto de manifiesto en mas de una ocasión, y seguiremos poniéndolo a pesar de algunos.


Prefiero ver una mano boca abajo que bendice, que reconforta, que sana, que dirige,....; a una mano que señala, que increpa o que boca arriba, pide, pide, y pide….. pero no da nada.








sábado, 28 de diciembre de 2013

EL DIVINO NIÑO JESÚS





Desde tiempos muy antiguos los católicos han tenido mucha devoción al Divino Niño Jesús, y han honrado su santa infancia, considerando esta edad de Jesucristo como una maravilla de inocencia y amabilidad.

Ya hacia el año 1200 San Francisco de Asís dispuso recordar con mucha solemnidad la Navidad haciendo un pesebre lo más parecido posible al de Belén y celebrando así entre pastores, ovejas, bueyes y asnos la misa de la medianoche, y haciendo él mismo un hermoso sermón de Nochebuena recordando la gran bondad del Hijo de Dios al quererse hacer hombre en Belén por salvar nuestra alma.

Más tarde San Antonio de Padua fue un devoto tan entusiasta del Niño Jesús que según las imágenes que de él se conservan, mereció que el Divino Niño se le apareciera.

Otro santo al que se le presenta en las imágenes teniendo entre sus brazos al Niño Jesús es San Cayetano, el cual lo que necesitaba pedir lo pedía por los méritos de la infancia de Jesús.

San Cayetano

San Cayetano y el Niño Jesús

Modernamente los santos que más contribuyeron a difundir la devoción al Niño de Belén fueron Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

Santa Teresa de Jesús le tenía un amor tan grande al Divino Niño que un día al subir una escalera obtuvo tener una visión en la que contemplaba al Niño Jesús tal cual había sido en la tierra. En recuerdo de esta visión la santa llevó siempre en sus viajes una estatua del Divino Niño, y en cada casa de su comunidad mandó tener y honrar una bella imagen del Niño Jesús que casi siempre ella misma dejaba de regalo al despedirse.



Santa Teresita de Lisieux

Millones de creyentes han hecho la experiencia de pedir favores a Dios por los méritos de la infancia de Jesús y han conseguido maravillas. Y nosotros vamos a hacer lo mismo. Queremos honrar la infancia de Jesús y darle gracias por haber nacido en Belén para salvarnos.

Desde hace unos trescientos años la devoción al Niño Jesús se ha extendido rápidamente por Europa, América, Asia, Africa y Oceanía. Las gentes empezaron a experimentar que cuando piden favores a Dios por los méritos de la infancia de Jesús consiguen maravillas.

Existen alrededor de todo el mundo muchas figuras e imágenes representando al Niño Jesús mediante las cuales se han obtenido grandes milagros. Entre las más conocidas se encuentran: El Niño Jesús de Praga, en Checoslovaquia; el Santo Niño de Atocha, en México; el Divino Niño de Arenzano, en Italia y el milagroso Niño Jesús de Bogotá en Colombia, entre otros.

En el año 1636 Nuestro Señor le hizo a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento esta promesa: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada".


 


HISTORIA DE SU DEVOCIÓN EN LATINOAMÉRICA

Comienza la devoción al Divino Niño en Colombia en el año 1907, primero entre los carmelitas y después en la Comunidad Salesiana. Fueron tantos los favores concedidos que los devotos agradecidos propagaron la devoción por todas partes. Citamos el testimonio del milagro del 1915, reconocido por el obispo:

Mi hija María de 18 años venía padeciendo terribles dolores de reumatismo. Eran tan grandes los dolores que padecía y tan devastadora la inmovilidad que el reumatismo le estaba produciendo, que viéndola ya en peligro de muerte llamamos al sacerdote que la confesó y le administró el viático y la extremaunción.

No podía hacer el menor movimiento de pies o de manos sin sentir agudísimos dolores. Los medicamentos de los médicos no le producían ninguna mejoría. Uno de los mejores médicos de la ciudad venía cada día a visitarla, pero los ataques reumáticos eran cada día más fuertes y le daban unas convulsiones que la dejaban medio muerta.

El 10 de noviembre del año pasado cuando en uno de los terribles ataques creí que se moría, al ver que recobraba otra vez el habla, se me ocurrió una idea: corrí a mi habitación y me traje una imagencita del Divino Niño que nosotros veneramos con mucho cariño, y acercándome a la enferma le dije: "Hija, Nuestro Señor hizo la promesa de que si le pedimos por los méritos de su infancia, nuestra oración será escuchada. Pidámosle por los méritos de sus 12 primeros años de vida, si te conviene para la salud del alma, te conceda la salud del cuerpo. Dále un beso a la imagen del Divino Niño y la colocamos luego junto a los pies que tanto te duelen".

Ella besó amorosamente al queridísimo Niño Jesús y luego colocamos la imagen en lecho, junto a la enferma y rezamos con toda fe.






Pasada una hora, de pronto mi hija gritó entusiasmada: "Papá, papá, estoy curada". Y para demostrarme que si era verdad, movía los brazos y los pies en todas direcciones sin sentir el menor dolor (siendo que hasta hacia unos minutos al menor movimiento de un brazo o de un pie daba un grito de dolor). Estaba totalmente curada.

Pronto nos reunimos todos los familiares y emocionados dimos gracias al Milagroso Niño Jesús que hace tales maravillas. Después de once meses mi hija se encuentra muy robusta y sin el más mínimo dolor de reumatismo y recomendamos a las personas necesitadas a que en cualquier angustia, dolor o necesidad invoquen con toda confianza a l Niño Jesús que tanto goza ayudando a los necesitados. El Señor Obispo que nos honra con su amistad y que había venido varias veces a visitar a la enferma, atestigua también este milagro que los médicos no han logrado explicar.



Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Juan 14,13



La devoción al Divino Niño es providencial, es luz para un mundo que desprecia la vida humana y en que tantos niños son abortados o abandonados. ¡Cuánto glorifica a Dios que reconozcamos que El nos envió a Su único Hijo!. El se hizo un niño pequeñito, igual que nosotros en todo menos en el pecado.


Mientras el mundo apuesta por el poder de las armas y del dinero, que es la ley del más fuerte, Jesús nos enseña que el reinará por el amor cuando nos hagamos niños guiados por Su Padre Celestial. Nos pide una profunda conversión de corazón:





Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Mateo 18,3


Vemos entonces que el objetivo primario de la devoción al Divino Niño ha de ser nuestra propia transformación para ser cada vez más como Jesús, en todo hijos dóciles y obedientes al Padre. Así propiciamos su Reino.




ORACIÓN AL DIVINO NIÑO JESÚS


Divino Niño Jesús Dios de mi corazón y modelo de mi conducta, estate siempre conmigo para separarme del mal y hacerme semejante a Ti, haciendo que crezca en sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.
¡Oh dulce y pequeño Niño Jesús,
yo te amaré siempre con todo mi corazón!
Divino Niño Jesús, Bendícenos
Divino Niño Jesús, Escúchanos

Divino Niño Jesús, Óyenos. 

 Amén.




jueves, 19 de diciembre de 2013

NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA








El pasado día 18 de diciembre  celebramos la festividad en el calendario católico, de Nuestra Señora de la Esperanza o la festividad de la Expectación del parto de la Virgen María.

En esta tercera semana de Adviento, es imposible preparar la Navidad prescindiendo de la contemplación del indecible gozo esperanzado que poseyó Santa María por el futuro próximo inmediato de su parto. Eso es lo que se quiere expresar con "La Expectación del Parto", o "El día de Santa María" como se le llamó también en otro tiempo, o "Nuestra Señora de la O" como popularmente también se le denomina hoy. Fue en España, concretamente en Toledo, en el décimo concilio que se celebró en el año 656, siendo San Eugenio III el obispo de aquella sede y que posteriormente un muy devoto de la Virgen María —San Ildefonso- se tomó bastante en serio propagar. La intuición del pueblo denominando a la expectante Doncella joven "Virgen de la O" está basada en la directa contemplación de las obras pictóricas o esculturales que presentan piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida. 

El origen del título es no obstante más espiritual, más fino, más litúrgico y menos somático. Tiene su origen en que las antífonas marianas del rezo de vísperas comienzan con la O: O Sapientia, O Adonai, O Enmanuel... veni! Más información sobre su representación.

" ¡Oh Sabiduria, Oh Adonai. Oh Vara de Jese. Oh Llave de David. Oh Sol naciente, esplendor de la Luz eterna. Oh Rey de las naciones y Deseado de las gentes. Oh Emanuel!, ven a enseñarnos, ven a iluminarnos, ven a sacarnos de esta cárcel sombría, ven a salvarnos, Dios y Señor nuestro! ".

Con estos y otros parecidos acentos litúrgicos se celebra esta fiesta de hoy en honor de la Divina Maternidad de Maria.

La fiesta de la Encarnación del Verbo en el Seno de Maria - 25 de marzo - cae siempre entre los acentos tristes de Cuaresma, y difícilmente se le puede dedicar la debida atención a este gran misterio.

La fiesta mas antigua dedicada a Maria fue sin duda alguna la de Navidad. Juntamente se celebra al Hijo y a la Madre. Pasado algún tiempo se le quiso dar solemnidad también a la Fiesta bajo aspecto mariano propiamente dicho y por ello pensaron en instituir esta festividad de hoy.

Todo el tiempo de Adviento es tiempo de "esperanza" en el Mesías que ha de venir a salvar a la humanidad. Los Profetas y Padres del Antiguo Testamento procuraban mantener siempre encendido el fuego de la esperanza en el Mesías venidero. Se oía una voz que decía: "Alegraos en el Señor y de nuevo os lo repito, alegraos, con una alegría inextinguible, porque el Señor esta cerca". Y otra con acentos mas impacientes: "Alégrense los cielos, salte de gozo la tierra y vosotros, montes de Israel, extended vuestras ramas, cubrios de flores, vestid vuestro ropaje de fiesta... Regocijaos con Jerusalén todos los que la amáis porque he aquí que yo me acerco a ella como un río de paz y como un torrente que inunda de gloria a las gentes".



Esta fiesta de hoy tiene sabores propiamente españoles. Hasta el siglo VII la iglesia de España no celebraba mas que una festividad mariana pero que abarcaba a todas las demás: la Maternidad Divina o la "Fiesta de Santa María" como se la llamaba sencillamente. Así lo podemos apreciar en los antiguos calendarios mozárabes. El año 656 se celebraba el celebre Concilio X de Toledo y allí trataron con toda solemnidad los Padres esta cuestión. Toman parte en este asunto tres grandes Santos: San Eugenio, San Fructuoso de Braga y San Ildefonso. Este Concilio dictaminó un decreto por el que se establecía que para dar mayor solemnidad a esta fiesta mariana de la Maternidad Divina "se celebre el día octavo antes de Navidad del Señor y se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su Santísima Madre".

Este decreto aludía a que este día ya se celebraba así en muchas otras Iglesias, pero que para estar de acuerdo con la Iglesia Romana, que lo celebra el día 25 de marzo, se continúe también celebrando

Aquel día. Desde esta fecha fue la fiesta más solemne que en honor de la Virgen Maria se celebraba en España y de aquí paso a otras Iglesias. Tuvo varios nombres: Expectación del parto de Nuestra Señora, Nuestra Señora Virgen de la Esperanza y Virgen de la 0, haciendo alusión a las Antífonas Mayores de Vísperas que empiezan con esa exclamación. Maria viene a preparar el camino para la llegada de su Hijo al mundo, al que viene a salvar. El recuerdo de Maria expectante debe ser el pensamiento que durante estos días que preceden a Navidad nos debe acompañar.





Esperar al Señor que ha de venir es el tema principal del santo tiempo de Adviento que precede a la gran fiesta de Navidad. La liturgia de este período está llena de deseos de la venida del Salvador y recoge los sentimientos de expectación, que empezaron en el momento mismo de la caída de nuestros primeros padres. En aquella ocasión Dios anunció la venida de un Salvador. La humanidad estuvo desde entonces pendiente de esta promesa y adquiere este tema tal importancia que la concreción religiosa del pueblo de Israel se reduce en uno de sus puntos principales a esta espera del Señor. Esperaban los patriarcas, los profetas, los reyes y los justos, todas las almas buenas del Antiguo Testamento. De este ambiente de expectación toma la Iglesia las expresiones anhelantes, vivas y adecuadas para la preparación del misterio de la "nueva Natividad" del salvador Jesús.


En el punto culminante de esta expectación se halla la Santísima Virgen María. Todas aquellas esperanzas culminan en Ella, la que fue elegida entre todas las mujeres para formar en su seno el verdadero Hijo de Dios.

Sobre Ella se ciernen los vaticinios antiguos, en concreto los de Isaías; Ella es la que, como nadie, prepara los caminos del Señor.




Invócala sin cesar la Iglesia en el devotísimo tiempo de Adviento, auténtico mes de María, ya que por Ella hamos de recibir a Cristo.

Con una profunda y delicada visión de estas verdades y del ambiente del susodicho período litúrgico, los padres del décimo concilio de Toledo (656) instituyeron la fiesta que se llamó muy pronto de la Expectación del Parto, y que debía celebrarse ocho días antes de la solemnidad natalicia de nuestro Redentor, o sea el 18 de diciembre.

La razón de su institución la dan los padres del concilio: no todos los años se puede celebrar con el esplendor conveniente la Anunciación de la Santísima Virgen, al coincidir con el tiempo de Cuaresma o la solemnidad pascual, en cuyos días no siempre tienen cabida las fiestas de santos ni es conveniente celebrar un misterio que dice relación con el comienzo de nuestra salvación. Por esto, speciali constitutione sancitur, ut ante octavum diem, quo natus est Dominus, Genitricis quoque eius dies habeatur celeberrimus, et praeclarus "Se establece por especial decreto que el día octavo antes de la Natividad del Señor se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su santísima Madre".

En este decreto se alude a la celebración de tal fiesta en "muchas otras Iglesias lejanas" y se ordena que se retenga esta costumbre; aunque, para conformarse con la Iglesia romana, se celebrará también la fiesta del 25 de marzo. De hecho, fue en España una de las fiestas más solemnes, y consta que de Toledo pasó a muchas otras iglesias, tanto de la Península como de fuera de ella. Fue llamada también "día de Santa María", y, como hoy, de Nuestra Señora de la O, por empezar en la víspera de esta fiesta las grandes antífonas de la O en las Vísperas.

Además de los padres que estuvieron presentes en el décimo concilio de Toledo, en especial del entonces obispo de aquella sede, San Eugenio III, intervino en su expansión—y también a él se debe el título concreto de Expectación del Parto—aquel otro gran prelado de la misma sede San Ildefonso, que tanto se distinguió por su amor a la Señora.




La fiesta de hoy tenía en los antiguos breviarios y misales su rezo y misa propios. Los textos del oficio, de rito doble mayor, tienen, además de su sabor mariano, el carácter peculiar del tiempo de Adviento, a base de las profecías de Isaías y de otros textos apropiados como los himnos. Nuestro Misal conserva todavía para la presente fecha una misa, toda a base de textos del Adviento. Es un resumen del ardiente suspiro de María, del pueblo de Israel, de la Iglesia y del alma por el Mesías que ha de venir. Sus textos—casi coinciden con la misa del miércoles de las témporas de Adviento, y todavía más con la misa votiva de la Virgen, propia de este período—son de Isaías (introito, epístola y comunión ) y del evangelio de la Anunciación. Las oraciones son las propias de la Virgen en el tiempo de Adviento.

Precisamente en la víspera de este día dan comienzo las antífonas mayores de la O, por empezar todas ellas con esta exclamación de esperanza. Y así continúa la Iglesia por espacio de siete días, del 17 al 23, en este ambiente de santa expectación y demanda de la venida del Salvador.

Nada, pues, más a propósito que la contemplación de María en los sentimientos que Ella tendría en los días inmediatos a la natividad de su divino Hijo. "Si todos los santos del Antiguo Testamento—escribe el padre Giry (Les petits Bollandistes t. 14 p.373 )—desearon con ardor la aparición del Salvador del mundo, ¿cuáles no serían los deseos de Aquella que había sido elegida para ser su Madre, que conocía mejor que ninguna otra criatura la necesidad que tenia la humanidad, la excelencia de su persona y los frutos incomparables que debía producir en la tierra, y la fe y la caridad, que sobrepasan la de todos los patriarcas y profetas? Fue tan grande el deseo de la Santísima Virgen, que nosotros no tenemos palabras para expresar su mérito. Y tampoco podemos concebir cuál fue su gozo cuando Ella vió que sus deseos y los de todos los siglos y de todos los hombres iban a realizarse en Ella y por Ella, ya que iba a dar a luz la esperanza de todas las naciones, Aquel sobre quien se fijaban los ojos de todos en el cielo y en la tierra y miraban como a su libertador."

María, repetimos, está en la cumbre de esta esperanza o, con otras palabras: con María la esperanza es completa, se hace firme. Unidos a Ella, ya que nuestro adviento, el que nosotros esperamos, tuvo principio en la celestial Señora, por haber llevado en su seno virginal a Jesús durante nueve meses, nuestra expectación será más digna del gran Señor que va a venir.

María presenta para el cristiano de hoy la posición que éste debe mantener, máxime en estos días: esperar al Señor. Que Él se incorpore más y más en nosotros, donec formetur Christus in nobis, y que un día, lejano o próximo ya, venga a buscarnos para unirnos definitivamente con Él. El cristiano debe esperar al Señor, donec veniat, hasta que venga para aquel abrazo de unión indisoluble y eterna. Toda la vida del cristiano es una expectación. El modelo de ésta lo ofrece María.




SE TRATA DE UNA FIESTA MARIANA

La presente fiesta mariana, como todas las de la Virgen, además de ser un ejemplo, es una intercesión. Debe servir para afianzar y hacer más intensa esta espera y ayudarnos a cantar con Ella, con la Iglesia-Virgen las antífonas mayores del Magniticat: O Sapientia, O Adonai, O Emmanuel..., veni!

Cuando se espera algún acontecimiento importante que trae consigo tristeza y pena la reacción espontánea de la persona normal es de temor acompañado a veces por la congoja y angustia que tiende a aumentarse por la fantasía ante la consideración de los males futuros previsibles. Cuando por el contrario se prevé la llegada de un bien que tiene una entidad considerable se vive en una espera atenta y presurosa que va desde el anhelo y la ansiedad hasta la euforia acompañada de una prisa impaciente. A mayor mal futuro, más miedo; a mejor bien futuro, más esperanza gozosa.

Algo de esto pasó al Pueblo de Israel que conocía su carácter de transitoriedad funcional, al menos en los círculos más creyentes o especializados en la espiritualidad premesiánica. El convencimiento de que la llegada del Mesías Salvador era inminente hizo que muchos judíos piadosos vivieran en una tensión de anhelo creciente —basta pensar en el anciano Simeón— hasta poder descubrir en Jesús al Mesías que se había prometido a la humanidad desde los primeros tiempos posteriores al Pecado. Era todo un Adviento.

Y como el Mesías llega por la Madre Virgen, es imposible preparar la Navidad prescindiendo de la contemplación del indecible gozo esperanzado que poseyó Santa María por el futuro próximo inmediato de su parto. Eso es lo que se quiere expresar con "La Expectación del Parto", o "El día de Santa María" como se le llamó también en otro tiempo, o "Nuestra Señora de la O" como popularmente también se le denomina hoy.

Fue en España, concretamente en Toledo, en el décimo concilio que se celebró en el año 656, siendo S. Eugenio III el obispo de aquella sede y que posteriormente un muy devoto de la Virgen María —San Ildefonso- se tomó bastante en serio propagar.

La intuición del pueblo denominando a la expectante Doncella joven "Virgen de la O" está basada en la directa contemplación de las obras pictóricas o esculturales que presentan piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida.





LA ESPERANZA: ANCLA DEL ALMA

La esperanza se suele representar por el color verde como es bien sabido, pero como virtud teológica que es, junto a la Fe y la Caridad, la iconografía católica la representa por una figura femenina portando un Ancla.  El Libro de Hebreos nos dice que necesitamos tener esa ancla, la esperanza segura de salvación en Cristo Jesús. Esta es la esperanza puesta delante de nosotros, la que nos alienta en gran manera. “Lo hizo así para que, mediante la promesa y el juramento, que son dos realidades inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un estímulo poderoso los que, buscando refugio, nos aferramos a la esperanza que está delante de nosotros. Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario” (Hebreos 6:18-19).

El verde significa esperanza, porque, en la primavera, el verde que cubre los campos y que llena los árboles señala la esperanza de que la tierra dará sus frutos. Y porque el verde -como dicen las primeras ediciones del Diccionario- es "el color natural de las hierbas y plantas cuando están en su vigor"; el que -con palabras de Fray Luis de León- " ya muestra en esperanza el fruto cierto".



Besamanos diciembre  2013 Virgen de Gracia y Esperanza 
de la Hermandad de San Roque


Besamanos diciembre 2013 Virgen de la Esperanza Macarena


                                     Besamanos diciembre 2013 Virgen de la Esperanza de Triana



Besamanos diciembre 2012 Nuestra Señora de la O


Besamanos diciembre 2013 Esperanza Trinitaria


Ntra. Sra. de la Esperanza Divina Enfermera. (Hdad. de la Sagrada Lanzada)


En Sevilla existen varias hermandades que rinden culto a la Virgen María en el bello misterio de la Expectación:

Ntra. Sra. de la Esperanza Divina Enfermera. (Hdad. de la Sagrada Lanzada)
Ntra. Sra. de Gracia y Esperanza. (Hdad. de San Roque)
Ntra. Sra. de la Esperanza Macarena.
Ntra. Sra. de la Esperanza de Triana.
Ntra. Sra. de la O.
Ntra. Sra. de la Esperanza. (Hdad. de la Trinidad)

Estas hermandades celebran conjuntamente todos los años un pregón en honor de la festividad de la Esperanza.


La Esperanza rodeada de niñas en su besamanos

Besamanos de la Esperanza Macarena 
en su festividad del 18 de diciembre de 1925


ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA DULCE ESPERA:


María, madre del amor hermoso, dulce muchacha de Nazareth,
tú que proclamaste la grandeza del Señor y,
diciendo que "sí", te hiciste madre de nuestro Salvador y madre nuestra:
atiende hoy las suplicas q te hago:
En mi interior una nueva vida está creciendo:
un pequeño que traerá alegría y gozo, inquietudes y temores,
esperanzas felicidad a mi hogar.

Cuídalo y protégelo mientras yo lo llevo en mi seno.
Y que, en el feliz momento del nacimiento, cuando escuche sus primeros sonidos y vea sus manos chiquitas, 
pueda dar gracias al Creador
por la maravilla de este don que Él me regala.

Que, siguiendo tu ejemplo y modelo,
pueda acompañar y ver crecer a mi hijo.
Ayúdame e inspírame para que encuetre en mí 
un refugio donde cobijarse y, a la vez,
un punto de partida para tomar sus propios caminos.

Además Madre mía, fíjate especialmente
en aquellas mujeres que enfrentan este momento solas, sin apoyo o sin cariño.

Que puedan sentir el amor del Padre
y que descubran que cada niño que viene al mundo es una bendición.

Que sepan que la decisión heróica
de acoger y nutrir al hijo les es tenida en cuenta.
Nuestra Señora de la Dulce Espera,
dáles tu amor y valor.

AMÉN





¡¡¡  FELIZ DÍA DE LA ESPERANZA !!!